jueves, 23 de agosto de 2012

¿Qué culpa tiene el futuro de haberse equivocado?



“I've seen things you people wouldn't believe. Attack ships on fire off the shoulder of Orion. I watched C-beams glitter in the dark near the Tannhauser gate. All those moments will be lost in time... like tears in rain... Time to die”. Batty.

Si el mundo está a unos cuantos años de su final, entonces es tiempo ya de ver nuestras manos y empezar a inventariar lo que nos queda en ellas, sin la ilusión de que más adelante habrá algo más con qué llenarlas.  No hay un futuro por venir, sólo un presente que no tiene hacia dónde más crecer y un pasado que comienza a devorarlo todo.
El final del tiempo también incluye el final del orden en el que lo entendíamos correr: el futuro deja de estar delante de nosotros y termina estando ya muy atrás. Qué lejos estamos de todo eso que imaginamos que pasaría. Quizá en algún momento nos acercamos pero nos volvimos a alejar sin darnos cuenta de que el futuro se convertía poco a poco en algo tan arcaico como el pasado. El futuro al que la humanidad aspiró ya fue o lo perdimos. Ahora el presente sólo es un tiempo que nunca habíamos contemplado.
Ese futuro era ciudades en el cielo pero es muy poco lo que nos hemos levantado del suelo; era tecnología infalible en cada esquina pero hay lugares donde resolvemos todo con palos y piedras; era humanos cómodos en su automatización pero aún somos mayorías confundidas. El futuro que ahora recordamos terminó siendo ridículo, como una ilusión desecha, como casi todo lo que en realidad no existe pero imaginamos. Es otra de las cosas en las que creemos y que se desvanecen conforme nos vamos acercando, como el agua falsa sobre la carretera. Por más apocalíptico o caótico, nada de lo que esperábamos se parece a esto con lo que nos vamos. Era imposible para el futuro acertar porque fuimos nosotros mismos los que lo imaginamos. El futuro nunca existió como tal.
Blade Runner, vista ahora, es una colección de errores sobre lo que alguna vez pensamos que pasaría con la humanidad. Dirigida en 1982, la historia gira alrededor de la posibilidad de haber ido demasiado lejos tecnológicamente, dando como resultado una generación de robots que se convierten en un problema para la humanidad del año 2019. La película muestra ciudades oscuras y frías, con tecnología filtrada en todos los estratos de la sociedad, incluso en los más bajos, y con seres que han aprendido a vivir en un futuro caótico. Aparentemente, ese futuro imaginado no se siente tan lejos de este presente que tal vez está por terminar, sin embargo a lo largo de la película no podemos evitar distinguir que nuestros verdaderos problemas son otros y que no somos como los que ahí vemos. Los robots ni siquiera tuvieron tiempo de llegar a arreglar nuestras vidas, la esencia de la tecnología tomó otro camino y un futuro así para nosotros ya sólo puede ser un recuerdo del pasado.  Ya no hay tiempo para ese futuro que se nos muestra ni para cualquier otro que nos atrevimos a imaginar. Este presente es lo más lejos que llegaremos.

Nombre: Blade Runner (Blade Runner)
Año: 1982
Director: Ridley Scott
Reparto: Harrison Ford, Rutger Hauer y Sean Young
Estreno en México: Noviembre de 1982




jueves, 16 de agosto de 2012

No hay lugar para la sorpresa cuando la humanidad ya lo sabe todo.


"According to my Uncle Seth, an accident like this is exceptionally rare."  Preston.

En una ciudad con una cartelera escasa, ir al cine es muchas veces un acto de resignación; terminamos por aceptar ver cualquier película sabiendo que no saldremos de esa sala sorprendidos. Quizá, con suerte, la música resulte atractiva, las actuaciones entretenidas o la historia agradable, pero será muy poco probable que la película logre llevarnos más lejos de lo que el cartel anuncia. Lo único de lo que sí estamos seguros al entrar a ver cualquiera de esas películas de estreno es que los efectos especiales, en caso de que los haya, serán perfectos; las explosiones, las armas, las batallas y las muertes serán idénticas a las de la realidad. 
De un tiempo para acá, las mejores y más impactantes escenas de cine son las que se ven más verdaderas. La película aclamada deja de ser sólo un producto de la ficción para convertirse en algo que también podríamos encontrar en un canal de noticias, en un documental o en las calles por las que caminamos. Cualquier historia es válida, el único requisito es darle el tratamiento realista adecuado. Si el director logra contarnos lo más inverosímil de la forma más veraz, el éxito cinematográfico estará garantizado. 
Siguiendo esta fórmula, el cine ha progresado y avanzado cada vez más hacia la realidad, dejando atrás lo improbable y, aún más, lo ingenuo. Todo puede ser más; más grande, más fuerte, más rápido, pero nunca más ingenuo. Es imposible retroceder en el camino que nos conduce a saberlo todo. Sin duda el cine ha ganado mucho siguiendo esa consigna, pero ha perdido lo que quizá a muchos nos atrajo de las salas de cine cuando apenas comenzábamos a entender qué era eso de ir al cine; la experiencia de sentarnos en una oscuridad que borraba todo menos la historia de la pantalla y dejarnos llevar sin saber hacia dónde, sin oponernos en lo absoluto a que todo podría pasar, realista o no, creíble o no. La ingenuidad de la edad, o quizá de los tiempos de una humanidad que aún no sabía lo que hoy sabe, nos permitía tener la sensación de haber sido sorprendidos, suficiente logro para querer regresar una vez más por otra película.
Sin saber si la intención de J.J. Abrams fue demostrar la importancia de la ingenuidad para un cine con magia, Súper 8 puede ser una sorpresa para los que, aún leyendo la sinopsis de la película, nunca imaginan que la historia también será contada desde el recuerdo de nosotros mismos en nuestros primeros cines viendo nuestras primeras películas. Ese recuerdo es requisito para poder disfrutar una película que, vista desde un nivel puramente narrativo o técnico, podría terminar por malinterpretarse como inverosímil o poco realista. La nostalgia por otros tiempos pasados no sólo está en el año en el que los personajes viven, 1979, también termina por estar en nosotros cuando, a lo largo de la película, añoramos cada vez más esos tiempos en los cuales ir al cine era más que realidad, ficción, ciencia o fantasía; era cuestión de sorpresa.

Nombre:  Súper 8 (Super 8)
Año:  2011
Director:  J.J. Abrams
Reparto:  Elle Fanning, AJ Michalka y Kyle Chandler.
Estreno en México:  Agosto de 2011






miércoles, 8 de agosto de 2012

Cinéfila Carente



Nunca aprendí a utilizar correctamente los significados de palabras como fotografía, edición o lenguaje; nunca vi todos los clásicos que cualquier cinéfilo atesora; nunca recordé todos los datos históricos de la cultura cinematográfica que son necesarios para autodenominarse experto en cine.  Después de muchos años de creer que algún día alcanzaría un nivel de dominio suficiente para analizar el cine como los profesionales, terminé por resignarme a sólo ver películas, sin ser experta, sin saber nada de ellas en realidad.
Cuando el interés por el cine no viene de la buena educación y el nivel cultural privilegiado, viene de carencias existenciales probablemente imposibles de subsanar en la vida diaria.  En ese caso, no se puede saber si una película es buena o mala, si está bien hecha o no, si es sobresaliente o mediocre; sólo se puede saber si nos acercó a lo que no tenemos.  Esa relación con el cine, a veces terapéutica, a veces sanadora y la mayoría de las veces paliativa, nos vuelve espectadores sedientos de historias y sensaciones y nada más.  Somos ciegos ante los detalles técnicos y artísticos.
Mientras quiera casi todo y no lo tenga, muchas películas van a seguir desfilando frente a mí.  Algunas películas me acercarán a lo que no tengo, otras le pondrán palabras más sencillas a lo que no entiendo; pero sólo unas cuantas lograrán lo que quizá, en un principio, cautivó a los primeros espectadores del cine: sacarnos de nosotros mismos por un momento para llevarnos a ser alguien más, allá donde bien podríamos estar, ahí de donde mejor deberíamos de ser. 
Películas así son las que se suelen adueñar de nuestra mente durante días, días en los cuales no se termina de incorporar lo que esa historia intentó contar.  Al final, no tenemos más remedio que despedirnos de ellas pero no sin antes hacer una nota al respecto, mental o escrita, una marca más que como cinéfilos carentes llevaremos en nosotros de ahí en adelante.

martes, 7 de agosto de 2012

Hagamos lo que hagamos, algún día nos estrellaremos contra la melancolía de esta existencia.


"Life is only on Earth, and not for long."  Justine.


Si la tristeza fuera un planeta, lo más reconfortante sería estar fuera de su órbita (o ella de la nuestra, como mejor lo entendiéramos). Así podríamos tolerar verla a lo lejos, ajena y externa a nuestra vida, sin necesidad de detenernos a pensar cómo reaccionar ante ese choque catastrófico, como suelen ser todos los choques entre planetas. Sí, existe, pero no hay por qué preocuparnos; nunca será un problema para nosotros.
Pero en caso de que la tristeza sí estuviera inevitablemente en nuestra órbita, muchas cosas empezarían a cambiar en cuanto no nos quedara duda de que el golpe es sólo cuestión de tiempo. Sería en esos momentos inverosímiles cuando veríamos que nuestras reconocidas formas cada minuto son más inútiles y menos racionales.  ¿Tener?  ¿Qué?  ¿Casarnos?  ¿Para qué?  ¿Ir?  ¿A dónde?  Ante ese colapso de costumbres, una por una, no nos quedaría más remedio que aceptar que nosotros los funcionales, los que tenemos, los que nos casamos, los que vamos, hemos dejado de funcionar. 
Esa tristeza que era mejor tenerla lejos estaría ya aquí.  Habríamos fracasado.  ¿Quién podría vivir en un mundo así?  Quizá sólo los que antes no funcionaban, quizá sólo los pocos y absurdos que padecían esa enfermedad que hasta entonces habíamos conocido como melancolía.
La historia de un planeta llamado Melancolía que se estrellará contra la Tierra, de una mujer inexplicablemente triste y con un sentimiento de desolación que sólo se vuelve más comprensible a medida en que el planeta se acerca, y de su hermana que lucha contra un miedo para el que nunca se preparó, son lo que se cuenta en Melancolía, una película de 2011, dirigida por Lars Von Trier .
A través de esos personajes y esas circunstancias, Melancolía avanza a un ritmo casi imperceptible pero constante, casi análogo al tránsito de los planetas en órbita, incluso cuando están por chocar unos contra otros.  Al final, lo único que alcanzamos a presenciar es un impacto, el de Melancolía contra la tierra, rodeado de una tristeza que no puede ser la misma para todos.


Nombre:  
Melancolía (Melancholia)
Año:  2011
Director:  Lars Von Trier                                                                     
Reparto:  Kirsten Dunst, Charlotte Gaisnbourg y Kiefer Sutherland.
Estreno en México:  Mayo de 2012