"According to my Uncle Seth, an
accident like this is exceptionally rare." Preston.
En una ciudad con una cartelera escasa, ir al cine es muchas veces
un acto de resignación; terminamos por aceptar ver cualquier película sabiendo
que no saldremos de esa sala sorprendidos. Quizá, con suerte, la música resulte
atractiva, las actuaciones entretenidas o la historia agradable, pero será muy
poco probable que la película logre llevarnos más lejos de lo que el cartel
anuncia. Lo único de lo que sí estamos seguros al entrar a ver cualquiera de
esas películas de estreno es que los efectos especiales, en caso de que los
haya, serán perfectos; las explosiones, las armas, las batallas y las muertes
serán idénticas a las de la realidad.
De un tiempo para acá, las mejores y más impactantes escenas
de cine son las que se ven más verdaderas. La película aclamada deja de ser sólo
un producto de la ficción para convertirse en algo que también podríamos encontrar
en un canal de noticias, en un documental o en las calles por las que caminamos.
Cualquier historia es válida, el único requisito es darle el tratamiento realista
adecuado. Si el director logra contarnos lo más inverosímil de la forma más
veraz, el éxito cinematográfico estará garantizado.
Siguiendo esta fórmula, el cine ha progresado y avanzado cada
vez más hacia la realidad, dejando atrás lo improbable y, aún más, lo ingenuo. Todo
puede ser más; más grande, más fuerte, más rápido, pero nunca más ingenuo. Es
imposible retroceder en el camino que nos conduce a saberlo todo. Sin duda el
cine ha ganado mucho siguiendo esa consigna, pero ha perdido lo que quizá a
muchos nos atrajo de las salas de cine cuando apenas comenzábamos a entender
qué era eso de ir al cine; la
experiencia de sentarnos en una oscuridad que borraba todo menos la historia de
la pantalla y dejarnos llevar sin saber hacia dónde, sin oponernos en lo absoluto
a que todo podría pasar, realista o no, creíble o no. La ingenuidad de la edad,
o quizá de los tiempos de una humanidad que aún no sabía lo que hoy sabe, nos
permitía tener la sensación de haber sido sorprendidos, suficiente logro para querer
regresar una vez más por otra película.
Sin saber si la intención de J.J. Abrams fue demostrar la importancia
de la ingenuidad para un cine con magia, Súper
8 puede ser una sorpresa para los que, aún leyendo la sinopsis de la
película, nunca imaginan que la historia también será contada desde el recuerdo
de nosotros mismos en nuestros primeros cines viendo nuestras primeras películas.
Ese recuerdo es requisito para poder disfrutar una película que, vista desde un
nivel puramente narrativo o técnico, podría terminar por malinterpretarse como inverosímil
o poco realista. La nostalgia por otros tiempos pasados no sólo está en el año
en el que los personajes viven, 1979, también termina por estar en nosotros
cuando, a lo largo de la película, añoramos cada vez más esos tiempos en los
cuales ir al cine era más que
realidad, ficción, ciencia o fantasía; era cuestión de sorpresa.
Nombre: Súper 8 (Super 8)
Año: 2011
Director: J.J. Abrams
Reparto:
Elle Fanning, AJ Michalka y Kyle Chandler.
Estreno
en México: Agosto de 2011

Más de 100 años de vida tiene el cine y aún mantiene vigente la fascinación que nos despierta, coincido contigo en ello. ¿Será que es tanto un invento de proyección de imágenes como de "inocentización" de las audiencias?
ResponderEliminarGracias cine que mantienes mi inocencia antes la existencia, cada día más cotidiana.
Me encantó tu texto, en verdad. Como no fui tan fan de la película pienso que la superaste. En estos días saldrá algo que escribí al respecto del mismo tema; te lo compartiré.
Me gusta pensar que el cine es lo que muchas veces termina por salvar a la existencia humana cuando todo lo demás falla. La "inocentización" de las audiencias resulta aún más reparadora cuando somos nosotros mismos los que nos entregamos a esa fascinación.
ResponderEliminarGracias por leer, estaré esperando tu texto.