“What is wrong is wrong, no matter
who said it or where it's written”. Nader
Aún cuando la vida nos suele mantener constantemente cediendo
y negociando, algunas luchas van a terminar por descubrir en el fondo de
nosotros algo que no nos permitiremos soltar; aceptaremos perderlo todo pero
eso nos lo llevaremos hasta el final. Identidad, sentido de vida, meta,
religión, familia, costumbres, deber ser; cualquier nombre que elijamos para
denominar a lo que nos aferraremos sin condición servirá para enfrentar a la
vida sujetándonos a esa razón con todo el cuerpo. Cuando la tormenta llegue, no
nos moveremos de nuestro lugar porque tendremos un poste al que nos
amarraremos.
Pero cuando la vida no se trata de resistir tormentas y sí se
trata de tomar decisiones que determinarán lo que viene, ese
apego o lazo o como queramos llamarlo no nos mantiene, nos dirige. Eso que no
permitiremos que nos arranquen nos llevará al final de algún episodio, a la
solución de algún problema o a desatar la tragedia y el desastre por venir.
Todos tenemos un timón para movernos entre las únicas posibilidades que
realmente tendremos a lo largo de la vida; soltar o no soltar, dejar o no
dejar, ceder o no ceder. Lo demás sólo será un resultado, una consecuencia, un
efecto de eso a lo que en cierto momento nos aferramos y que marcó el rumbo de
nuestro camino. La fuerza de esa dirección estará en la culpa. Si no soltamos habrá
culpa, si soltamos también. La culpa que se engendra al tomar decisiones es lo
que finalmente mueve al mundo.
En Una separación
una culpa tapa otra, sólo para dejar espacio a una aún más grande. Con cada
nueva acción, los personajes se convierten en piezas movidas por la culpa en un
tablero en donde ninguno pisará un lugar que no le corresponde. Unos se
aferrarán al negro, otros al blanco y muy pocos negociarán con la posibilidad
de que sea diferente. Al final, las piezas se habrán movido y se encontrarán al
otro extremo del tablero pero sin la certeza de haber avanzado. Aunque la
película plantea buena parte de sus dilemas desde la influencia que la religión
tiene en los personajes, el factor del Islam podría ser sólo un juego para
hacernos sentir que esas luchas están muy lejos de suceder en una sociedad
occidental aparentemente tan libre. En el fondo de nuestra humanidad, por
debajo de nuestras apariencias culturales, ninguno de nosotros está exento de
una religión, una tradición, una meta o finalmente una culpa de la que no
podemos soltarnos. El chador, el Corán, la pobreza y la ignorancia se diluyen a
lo largo de la película para hacernos sentir tan cerca de alguna culpa que sólo
nos hace abrazar con más fuerza aquello que cada uno sabe que no soltará.
Nombre:
Una separación (Jodaeiye Nader az Simin)
Año:
2011
Director:
Asghar Farhadi
Reparto:
Peyman Moadi, Leila Hatami y Sareh Bayat.
Estreno
en México: Abril de 2012

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