“I didn't want to
be somebody's husband and I didn't want to be somebody's dad, that wasn't my
goal in life. But somehow it was. I work so I can do that”.
Dean
La rutina de una pareja con hijos es tan pesada que salir de
ahí se percibe imposible. No hay otra posibilidad para días así cuando nuestra posición
es central y mantiene el funcionamiento de la máquina familiar. Los niños tienen que ir a la escuela, la
renta se tiene que pagar, el trabajo se tiene que conservar, el sustento para
cuatro se tiene que asegurar.
Percibimos que los ejes de nuestro sistema doméstico se
vuelven más fuertes con el paso del tiempo hasta que llega un momento en el que
estamos seguros de que no habrá nada, o casi nada, que pueda llegar a movernos
de donde estamos. Es así hasta que el más pequeño de los acontecimientos nos
muestra la verdadera estructura de nuestra vida familiar; la rutina doméstica
no es un sistema, es una torre de circunstancias que fuimos apilando, una sobre
otra, a falta de opciones. Hubo un embarazo, le pusimos encima un matrimonio.
Hubo necesidad de dinero, le pusimos encima el primer trabajo que encontramos.
Hubo inestabilidad en la relación, le pusimos encima otro hijo para darle peso
a lo que lo perdía. Hubo tiempo qué sacrificar, le pusimos encima nuestra
resignación a dedicarle todo el que teníamos. Sólo hace falta que una de esas
circunstancias cambie o se elimine para que el resto se mueva y nuestra torre
que llamamos vida en pareja termine sin forma en el piso.
Con la relación desgastada por la rutina, Michelle Williams y Ryan Gosling, en Triste San Valentín, llegan a ese día en el que poco queda del
enamoramiento que los unió en un principio. Esa falta de fuerza se compensa con
el quehacer y los deberes, manteniendo unidos los elementos de la historia en
la que se embarcaron años atrás, bajo la más imprevista de las circunstancias.
Nada parece ser capaz de romper el ritmo con el que avanza la trama, a pesar de
que es fácil percibir que algo está colgando de un hilo y que las interacciones
de los personajes entre recuerdos y analepsias son cada vez menos armónicas. La
historia se pinta de un color al que llegaremos sin saber cómo; al repasar cada
uno de los sucesos en retrospectiva, encontraremos que sólo hizo falta un
pequeño desequilibro ─el perro extraviado, tal vez─ para comenzar a derrumbar lo que parecía perpetuo.
Nombre: Triste San Valentín (Blue Valentine)
Año:
2010
Director:
Derek Cianfrance
Reparto:
Ryan Gosling, Michelle Williams y John Doman.
Estreno en México: Marzo de 2011

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