miércoles, 3 de octubre de 2012

Nada es más frágil que lo que construimos con esfuerzo.


“I didn't want to be somebody's husband and I didn't want to be somebody's dad, that wasn't my goal in life. But somehow it was. I work so I can do that”.
Dean

La rutina de una pareja con hijos es tan pesada que salir de ahí se percibe imposible. No hay otra posibilidad para días así cuando nuestra posición es central y mantiene el funcionamiento de la máquina familiar.  Los niños tienen que ir a la escuela, la renta se tiene que pagar, el trabajo se tiene que conservar, el sustento para cuatro se tiene que asegurar. 

Percibimos que los ejes de nuestro sistema doméstico se vuelven más fuertes con el paso del tiempo hasta que llega un momento en el que estamos seguros de que no habrá nada, o casi nada, que pueda llegar a movernos de donde estamos. Es así hasta que el más pequeño de los acontecimientos nos muestra la verdadera estructura de nuestra vida familiar; la rutina doméstica no es un sistema, es una torre de circunstancias que fuimos apilando, una sobre otra, a falta de opciones. Hubo un embarazo, le pusimos encima un matrimonio. Hubo necesidad de dinero, le pusimos encima el primer trabajo que encontramos. Hubo inestabilidad en la relación, le pusimos encima otro hijo para darle peso a lo que lo perdía. Hubo tiempo qué sacrificar, le pusimos encima nuestra resignación a dedicarle todo el que teníamos. Sólo hace falta que una de esas circunstancias cambie o se elimine para que el resto se mueva y nuestra torre que llamamos vida en pareja termine sin forma en el piso.

Con la relación desgastada por la rutina, Michelle Williams y Ryan Gosling, en Triste San Valentín, llegan a ese día en el que poco queda del enamoramiento que los unió en un principio. Esa falta de fuerza se compensa con el quehacer y los deberes, manteniendo unidos los elementos de la historia en la que se embarcaron años atrás, bajo la más imprevista de las circunstancias. Nada parece ser capaz de romper el ritmo con el que avanza la trama, a pesar de que es fácil percibir que algo está colgando de un hilo y que las interacciones de los personajes entre recuerdos y analepsias son cada vez menos armónicas. La historia se pinta de un color al que llegaremos sin saber cómo; al repasar cada uno de los sucesos en retrospectiva, encontraremos que sólo hizo falta un pequeño desequilibro el perro extraviado, tal vez para comenzar a derrumbar lo que parecía perpetuo.     

Nombre: Triste San Valentín (Blue Valentine)
Año: 2010
Director: Derek Cianfrance
Reparto: Ryan Gosling, Michelle Williams y John Doman.
Estreno en México: Marzo de 2011


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